nuestra historia

CABALLEROS DE SAN JUAN

ORIGEN DEL GRUPO 

Origen del Grupo

Usemos las palabras de un sanjuanista Rafael M. Medina:

Esta es la historia de un grupo de personas, pero también es la historia de su nombre, porque sin él no podría haber existido el grupo de «San Juan», ya que todo tomará forma a partir de esa elección. Aquel nombre le dará motivos, insignias que identificarán al grupo, diseños para sus banderas y para sus trajes, distintivos que harán al grupo reconocible e inconfundible. Aunque, en principio, pareciese una nimiedad, el nombre era una de las cosas más importantes para el futuro grupo, pues lo arrastrará de por vida. Para localizarlo, Paco Yago y Luis Martínez Iglesias, unos chavales veinteañeros que aún no habían cumplido con el servicio militar, se reunieron en la casa de los padres de este último, que se sitúa en la calle Mayrena, número 1 para ser exactos.

 Allí, en el salón de la casa, cuyo balcón da a la calle y que se coloca justo encima de la puerta de entrada a la vivienda, estudiaron los volúmenes de la Espasa-Calpe buscando referencias medievales que relacionasen la comarca con aquellos años y aquellos hechos pasados. No eran novatos, ni en el mundo de la fiesta, ni en la creación de grupos festeros, pues habían sido fundadores de los Arqueros, grupo que desfilaba por las calles desde hacía tres años y que adornaba al Bando Cristiano.

ORDEN DE MALTA

Orden de Malta

Surgió entonces un nombre: La Orden de Malta, la Orden del Hospital de San Juan. Aquel nombre parecía tener sentido pues había tenido encomienda en Calasparra y, qué duda cabe, que sus comendadores y soldados habrían pisado nuestra ciudad en manos, por aquel entonces, de la Orden de Santiago. Sin embargo, las dudas asaltaron sus mentes, así que decidieron pedir consejo a Juan Miguel Guerrero quien terminó por confirmar que aquel nombre tendría sentido en nuestra fiesta. Pero se enfrentaban a otro nuevo reto pues la orden, desde su fundación, ha tenido muchos nombres.

El nombre oficial de la Orden de Malta es “Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta». Algunas veces se abrevia el nombre bien por razones jurídicas, diplomáticas o de comunicación, como por ejemplo, Soberana Orden Militar de Malta, Soberana Orden de Malta, e incluso Orden de Malta. Todo esto viene de que la Orden de monjes que cuidaban del hospital de campaña de San Juan de Jerusalén, para lo cual tuvieron que tomar las armas, a lo largo de la historia han sido dirigidos a distintos emplazamientos, Rodas, y Malta, donde también hicieron historia por su valor y coraje. De todos modos para ser más fieles a sus principios, a los tiempos de las cruzadas, que es lo que buscaban aquellos San Juanistas fundadores, decidieron que el nuevo grupo llevaría el nombre de Real Orden de Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, y les representaría la cruz de ocho puntas propia de la orden.

Ahora que ya contaban con un nombre, noble y de abolengo, el siguiente paso se encaraba hacia el diseño y la confección del primer traje de San Juan.

VESTUARIO

Vestuario

Pero primero deberíamos de comprender que, en aquellos años de guerra fría entre el bloque americano y el comunista, cuando la Gran vía aún no tenía iluminación o era una luz muy pobre, no había acceso a los materiales que tenemos hoy día. Cualquier traje que pretendiese tener un valor medieval y cierta coherencia en su decoración, tendría que ser diseñado y confeccionado por los propios componentes. No existían páginas web donde poder comprar materias primas, o referencias más allá que las clásicas enciclopedias y las experiencias aportadas por el cine. Aun así, a pesar de estas dificultades, San Juan estrenó tres trajes durante sus seis primeros años.

Y fueron dos de los fundadores del grupo, Jaime Talavera y Paco Navarro, quienes comenzaron a perfilar el primer traje que marcará un estilo y unos colores en el ropaje del grupo, que se ha querido mantener hasta hoy en día. Jaime diseñó un traje militar, pero al mismo tiempo con un toque de elegancia. Los colores escogidos eran sencillos y opuestos: negro para la casaca y blanco para la capa, esta engalanada con cruces de malta, pero sin embargo, el pecho quedaba vacío, falto de adorno. Por aquel año, 1963, su familia tenía una posada en la carretera de Granada y, frente a ella, un herrador usaba clavos especialmente fabricados para herrar mulas y caballos. El veinteañero Jaime recogió alguno de aquellos clavos torcidos que el herrador desechaba por no serles útiles y, junto con Paco Navarro, se fueron engarzando a los eslabones de una cadena. Así, surgió el collar de clavos que caracteriza al traje negro de San Juan, un collar que aún lucen los sanjuanistas con orgullo en algún evento medieval.

Este traje se completaba con unas mallas que trataban de imitar una verdadera cota de malla fabricada con anillos de acero. Pero, ¿dónde buscar un tejido que simule el efecto de los anillos metálicos? En una de sus visitas a la tienda de Elías observó que este utilizaba, para almacenar pulpa de remolacha, unos sacos que tenían el aspecto, aunque no el color, de una cota de malla. Inmediatamente, Jaime tomó algunos pedazos y, tras ser lavados, se pintaron para darle un aspecto más metálico. Así nacieron las primeras mallas que el grupo de San Juan lució en su primer desfile el  de Mayo de 1964. Por su parte, Manolo Campos se encargó de la confección de los guantes de piel, manufactura que ejecutó en las horas de descanso laboral.

ARMAS

Armas

Aún faltaba un último punto. Faltaban los elementos más guerreros, sus armas. Fue en este primer traje cuando surgió su escudo, con un perfil caballeresco, pues su forma responde a las necesidades del escudo utilizado para un torneo o para la carga a caballo en batalla. La muesca de su perfil es una forma útil que ayuda a ajustar la lanza del caballero. Al mismo tiempo, la forma de pico tanto en su parte superior como en la inferior, facilita al jinete el manejo de su montura sin sacrificar, por ello, su protección. 

Y si el diseño del escudo llegó a ser una marca inconfundible para el grupo, no lo fue menos el arma bélica escogida: la porra. Aquella arma sería un símbolo más del grupo, un elemento identificativo que nunca ha dejado el grupo. Sin embargo, la tarea de elaborar de forma artesanal este proyecto, requería de ciertos conocimientos sobre la modelación del metal que, ni Jaime ni Paco tenían. Hablaron entonces con otro fundador del grupo: Miguel Angel Martínez, el hojalatero, sobre quien cayó la responsabilidad de su confección.

Y Miguel Ángel, no encontraba la manera de dar forma a esa porra. Así que, una tarde cualquiera, mientras trataba de hallar la solución a la confección del arma, tuvo que reparar la cisterna del aseo de su taller, y en el empeño por la reparación observó que la forma redonda de la boya de la que el mecanismo disponía, podría responder a las necesidades de la forma de la porra. Efectivamente, tomó la boya y, poco a poco fue soldando pequeños conos a modo de puntas.

Después la bola cuajada de peligrosas puntas cónicas, fue engarzada a una cadena y esta, a un astil. El arma de San Juan ya estaba terminada y en la mano lucía fuerte y poderosa.

BANDERA

Bandera

Por fin se tenía un traje. Ahora sólo faltaba un elemento que encabezaría los desfiles, aquello que primero acudiría a los ojos de los espectadores cuando el grupo desfilara por las calles de Caravaca: su bandera.

Esta primera bandera, que aún hoy recorre las calles en cada desfile, fue diseñada por uno de sus fundadores José Luis Martínez Iglesias. Dibujó la silueta del castillo y de la parte trasera de la iglesia, y la confeccionó Isabel Bermúdez Campoy.