Son palabras, tal vez extrañas, pero solo su lectura infunde ya una curiosidad, una extrañeza en el tono, y a la vez, te introducen, en una época, un contexto.
Es solo un ejemplo, el primer ejemplo de cómo la sátira y la ironía pasarán a formar parte de la identidad del grupo. No se concibe San Juan en Caravaca sin esta parte de su espíritu.
En 1975 (1275) nació el Romancero de San Juan. Pero vayamos por partes:
¿1275? Cada romancero se retrae para ser fiel a la época medieval que representa al grupo 700 años en el pasado… así que no se extrañen ojos ajenos el ver siempre dos fechas unidas a cada romancero.
Y sigamos montando el escenario, ¿romancero?, ¿romance?, verso, rima, dibujo y música. Cada estrofa lleva una melodía que se repite, una melodía de instrumentos de cuerda, que ayuda a atraer a la gente, y a que su mensaje se quede en la mente y los corazones. Volvamos al pasado…
No había más medio de comunicación que el boca a boca, o tal vez alguna imagen en un pergamino, que pudiera acompañar a un contador de historias. Y esto era tan especial como la mejor de las películas actuales. Quien quisiera enterarse de qué estaba pasando en el mundo, debía de estar dispuesto a escuchar. Así que surgieron bardos y contadores de relatos que, muchas veces acompañados de dibujos en pergamino y la música de su laúd, atraían a los curiosos a cambio de unas monedas.
El romancero nace en España en la Baja Edad Media como una forma literaria popular basada en la lírica y épica tradicional.
Los cantares de gestas surgen como una necesidad espiritual de los comunicadores y juglares del pueblo. El romance fragmenta lo real y lo presenta como un enigma que solo exigiendo la participación del oyente adquiere su sentido.
El Grupo Hospitalario de San Juan de Jerusalén asume, desde hace muchos años, la responsabilidad festera de cantar, en tono humorístico y con satírica uva, los entresijos, vicisitudes y anécdotas de 365 días de fiestas patronales.
Sin tratar nunca de ofender ni molestar a nadie, nuestra modesta irreverencia o impertinencia ocurrente nos permiten relatar estas postales de ripios, la entera verdad de mentiras a medias, la sonrisa auténtica del abrazo falso y la humilde y sana cordialidad de la protocolaria “pompa” social. Es el reflejo jovial y desenfadado de nuestros actos y celebraciones.
Este romanero es sanjuanista, es palabra escrita cuya fuerza es enorme. La fuerza de la frase es más poderosa que una sola palabra, la prosa benevolente y saltarina del ingenio puesta en una concatenación de expresiones que puede llegar a ser tan hermosa como mordaz. La habilidad del sanjuanista, a veces borde y a veces ácida, busca entre los más inadvertidos errores para encontrar el alimento que nutre su fecunda mente.
El formato escogido responde a un acercamiento a la historia de los juglares medievales, quienes en sus cantos hacían saber cómo y quién fue el culpable de unos acometimientos a los que la población se sentía ajena. El romancero trata de acercarse a aquellos menesteres tan particulares de la época, asuntos que expresa con la picardía y habilidad que permite el verso haciendo que las gentes de nuestro pueblo pueden ver ciertos hechos desde nuestro punto de vista.
El sanjuanista confecciona una serie de relatos que son parte de la historia de Caravaca y cada uno de mayo saca a las calles. Provienen de noches donde en ingenio denuncia a la torpeza y al error, de lo que solo queda un inocente juego de palabras.
Es muy fácil encontrar en Caravaca diferentes ediciones que relaten narraciones históricas, artículos que reflexionen o arrojen luz sobre nuestro pasado tanto remoto como inmediato, lo que no es tarea sencilla es encontrar algún documento que refleje la pequeña historia en la que se inserta la gran historia, y de esto es de lo que se encarga este romancero que ha pretendido poner en verso la historia de los pequeños detalles que pasan inadvertidos a los ojos de la vida.
Las fuentes de este romancero son el ingenio, imaginación, error, ilusión, crítica, bondad, sencillez y valentía del pueblo llano y festero de Caravaca. Es el homenaje hospitalario al tesón de la Historia que, cada primero de mayo, viene a visitarnos y, este acto Sanjuanista solo pretende ser el puente levadizo que le permita llegar con alegría.
Estos papeles y pergaminos llevan detrás horas robadas al ocio de personas ocupadas, pinceles de artistas y rimas de aficionados. Todos fuimos, somos y seremos el Romancero.